Sobre valores perdidos. Por Lic. Paula Fernandez

Hace algunos años estuvo de visita en Argentina el profesor y especialista en Japón Mark Ravina de la Universidadde Emory (Estados Unidos), en ocasión de un evento llevado a cabo por el Centro Cultural e Informativo de la Embajadade Japón. Consultado posteriormente sobre el papel de ese país en el mundo globalizado, y específicamente sobre una posible pérdida de lo “auténticamente japonés” dado este avance, deslizó algunos conceptos clave que bien podrían aplicarse a cualquier nación en general: “Hay valores que frecuentemente se dan por sentados, pero que, a causa de la globalización, se valoraron como cosas que deben ser preservadas. Es un proceso complicado. Sin lugar a dudas hay pérdidas. Pero también hay otros aspectos en los que los japoneses tienen una apreciación más profunda de su cultura, y son protegidos muchísimo más a causa de la globalización.”

La mismísima noción de multiculturalismo ha surgido en cierta forma como un freno a la globalización. Pero, según esta perspectiva, un mundo cada vez más globalizado en vez de provocar la desaparición completa de la esencia de cada nación daría como consecuencia un notorio proteccionismo de aquello que esa nación considera lo más preciado que tiene, que forma parte de esa esencia, y cuya pérdida implicaría una aniquilación de su identidad.

Cualquiera que nos resulte la más adecuada interpretación, hoy ya no se debería hablar sólo de importación o exportación en términos estrictamente alejados de la esencia. Es hasta impropio. El comunicarnos con el otro por un beneficio personal, como lo puede ser un acuerdo comercial, debe exigirnos y comprometernos a un interés genuino por la otra parte. Por su forma de vida, su pensamiento y su historia. Así es regla en los países asiáticos, donde la relación trasciende lo comercial e implica respeto y entendimiento por su cultura. Nosotros mismos somos, ante nuestra contraparte, embajadores de nuestro país y difusores de una identidad.

Entendiendo esta idea de la importancia de lo propio, no podemos pasar por el alto el hecho de que muchas naciones desvalorizan aún el poder de las industrias culturales. Al contrario de lo planteado en las primeras épocas de la economía -cuando Adam Smith o David Ricardo la desechaban por improductiva- hemos llegado finalmente al punto en el cual la cultura también se comercializa y aporta cada vez más a la riqueza de una nación. Pero la ventaja verdadera en este caso es que aquello que exportamos como bien cultural es una parte de la mencionada esencia que viaja para instalarse en otro lugar del mundo, quizás muy distinto a nuestra cotidianeidad, y permite acortar esa distancia que nos separa.

Las industrias culturales sirven, además, para reinterpretarnos. Es tradición y es modernidad al mismo tiempo. Es darnos a conocer, es la posibilidad de reflejar al mundo algo nuestro de manera distinta. Es la capacidad de crear constantemente y reinventarnos a cada paso. Permite, también, la actualización constante de esa imagen que proyectamos.

Las industrias culturales nos muestran una pequeña parte de cada rincón del planeta, pero nos invitan siempre a ver más. Sus formas son tan variadas (diseño, televisión, cine, música, libros…) que llegamos a conocer infinidades de pensamientos provenientes de una misma nación que creíamos quizás ya “entendida”. Por eso nos permiten escaparle a los estereotipos y hacerle frente a la ignorancia. Y todo esto, sin dejar de aportar al PBI nacional.

En Asia las industrias culturales poseen un prestigio indiscutible. Hasta hace no muchos años por ejemplo, Corea era todavía bastante desconocida en el mundo y se hallaba aún etiquetada globalmente como un cierto territorio donde sucedió una cruenta guerra. Aún hoy lo que más llega de este país a través de los medios generalmente se relaciona con inminentes ataques, armas nucleares y tensiones regionales. Corea del Sur (cuyo nombre oficial es República de Corea) entendió el inconveniente que esto implicaba en cuanto a la difusión de una imagen. Entendió que, incluso con todos sus los logros tecnológicos, se ignoraba aún el grado de desarrollo que alcanzó en tan poco tiempo.
De esta manera, decidió utilizar eficazmente estas herramientas culturales aún emergentes, algunas de las cuales ya le habían cosechado buenas críticas en el exterior (como ser la industria del cine).

Los videos musicales de sus artistas y las telenovelas que inundan las pantallas ya no únicamente asiáticas ahora nos muestranla Coreaactual y sus últimas tendencias en moda y tecnología. Pero las raíces están allí, siempre presentes, diferenciando un producto que bien podría confundirse con lo occidental. Y entonces ahí vemos el nuevo mensaje que, adaptado a la modernidad, refleja la herencia y esencia del país.

Por tanto, no importa cuánto avance la globalización o cuánto parezca que la “pérdida de valores” haya sido completa: la cultura siempre se asoma indicando la pertenencia a una identidad.

Para entenderlo un poco mejor, podemos observar los siguientes videos:

Samgomu (Danza de los Tres Tambores). Baile tradicional coreano.

http://www.youtube.com/watch?v=j7_lSP8Vc3o

Videoclip moderno de pop coreano. Obsérvese la reinterpretación del baile tradicional coreano con tambores, a partir del minuto 2:40. Durante todo el videoclip puede verse, también, la constante alusión a tendencias modernas, que incluye joyas y autos, entre otros elementos.
(“I Am the Best” de 2NE1 © YG Entertainment)

Por Paula Fernández

Licenciada en Estudios Orientales por la Universidad del Salvador, con especialización en Lejano Oriente. Ha colaborado con artículos en diversas revistas relacionadas a la temática del continente asiático, entre ellas la revista virtual Seda y ProAsia, revista de la Cámara de Comercio para el Asia y el Pacífico. En 2006 fue becada por la Embajada de la República de Corea para conocer el país. Actualmente se desempeña como Encargada de Programación de Eventos en el Centro Cultural de la Embajada, y desarrolla una investigación en el área de las industrias culturales asiáticas (con eje en el cine, la televisión y la música) y su impacto global a nivel económico, político y social.

Publicado el 9 noviembre, 2011 en Sin categoría y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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